Cuando el branding te hace preguntártelo todo
El branding va de tomar decisiones sin garantías, de conectar estrategia con intuición, de mezclar cultura, diseño, emoción, contexto y storytelling, y cruzar los dedos para que todo cobre sentido.
A eso se suma:
- La presión de tener que ser estratégicos y creativos a la vez
- Clientes que esperan verdades absolutas.
- Compararte con otros profesionales que “lo tienen todo claro”.
- Un entorno en redes donde todo parece estar bajo control.
La combinación perfecta para que esa vocecita te diga: “no eres tan bueno como aparentas”.
¿Nos pasa solo a los que empezamos? Spoiler: No
Te aseguro que esto no le pasa solo a quien empieza. Les ocurre a perfiles junior que sienten que no están a la altura, pero también a seniors con años de experiencia que se enfrentan a nuevos retos, equipos o disciplinas.
Antes me frustraba. Ahora lo veo como parte del proceso. Dudar me obliga a revisar, a justificar decisiones, a aprender algo nuevo. Al final, detrás de muchas inseguridades hay exigencia, rigor y ganas de hacerlo bien.
La duda como parte del proceso creativo
Sentir inseguridad no siempre es un problema. Muchas veces es una señal de que estás saliendo de tu zona de confort, de que te importa, de que estás poniendo atención en lo que haces.
En branding no trabajamos con fórmulas cerradas. Cada marca es un ecosistema nuevo. Por eso, dudar puede ser una muestra de pensamiento crítico, no de falta de capacidad.
La clave está en reconocer la diferencia entre la duda que bloquea (“no valgo para esto”) y la que impulsa (“¿cómo puedo hacerlo mejor?”).
Cómo convivir con el síndrome
No hay una receta mágica, pero sí algunos recordatorios que pueden ayudarte a convivir con esta sensación:
- Habla con otros: la mayoría lo siente, solo que nadie lo dice en voz alta.
- Valida tu trabajo, no solo tus ideas: a veces necesitas mirar atrás y reconocer lo que ya has conseguido.
- Pide feedback real: ni elogios ni críticas destructivas. Feedback honesto y constructivo.
- Sé tu propio referente: compara tu trabajo con el de ayer, no con el de otros.
Si dudas, es que te importa
El síndrome del impostor no es algo que se “cura”, pero sí algo que puedes entender, gestionar y hasta usar a tu favor. En el fondo, es una señal de que te importa lo que haces, de que estás comprometido con tu trabajo y con seguir aprendiendo.
Así que si alguna vez te sientes un poco fraude, recuerda: quizá eso solo significa que te estás tomando en serio lo que haces. Todos improvisamos un poco.