Detectar la incoherencia para liberar la esencia
La idea de volcar su talento en una marca territorial nació de su deseo de enfrentarse a un verdadero reto creativo. Aunque Marta creció en el norte de Portugal, eligió intencionadamente este enclave gallego para trabajar desde una posición de absoluta imparcialidad. Quería adentrarse en la historia y costumbres locales sin verse condicionada por prejuicios cotidianos, permitiéndose disfrutar con total libertad de una de las fases que más le apasionan del proceso creativo: la investigación.
Al realizar una exhaustiva auditoría visual sobre el terreno, Marta detectó un problema común en la comunicación de muchas marcas institucionales. La señalética, los soportes publicitarios exteriores (mupies), los folletos turísticos y las plataformas digitales de Vigo hablaban lenguajes completamente descoordinados entre sí.
Mientras la marca turística arriesgaba con ciertos códigos, la marca corporativa o institucional se mantenía encorsetada en soluciones fragmentadas y un uso excesivo de elementos gráficos —como escudos y banderas— que han quedado desfasados. «Esa incoherencia suele ocurrir en marcas territoriales al pasar la comunicación por muchas manos», explica la diseñadora. Ante esta desconexión, el punto de partida del proyecto fue claro: construir una identidad visual sólida y uniforme que hiciera justicia a la rica dicotomía rural y urbana de Vigo, pero que al mismo tiempo fuese sumamente adaptable y coherente para cualquier formato o público.
Geometría, historia y el latido cultural de la comunidad
Para edificar una marca que realmente conectara con los ciudadanos y transmitiera un simbolismo de pertenencia, Marta se alejó de los tópicos visuales más superficiales y apostó por un lenguaje gráfico integrador y conceptualizado.
El triángulo como síntesis histórica y portuaria
El elemento vertebrador de toda la nueva identidad es el triángulo. Esta síntesis geométrica surge de un ejercicio de depuración morfológica al trabajar sobre la propia fuerza de la letra «V» de Vigo. Al simplificar sus líneas, Marta descubrió que la figura encajaba de manera natural con la geometría latente en la bandera de la ciudad. A partir de ahí, el triángulo cobró un significado histórico y funcional arrollador: pasó a representar de manera conceptual las velas y las redes de los barcos de pesca, el carácter portuario de la localidad y sus rutas migratorias.
El rojo como “pulso” del pueblo trabajador
Una de las decisiones más valientes de la estrategia visual fue la paleta cromática. Aunque la lógica convencional invitaba a emplear tonalidades azules debido al omnipresente entorno marítimo de la ría, Marta eligió el rojo como protagonista absoluto. La justificación descansa tanto en motivos históricos —al ser el color heráldico de la bandera viguesa— como en una lectura poética y emocional de la población local. Para la diseñadora, las personas de Vigo destacan por ser trabajadoras, acogedoras, amables y con un “pulso” fuerte; gente a la que verdaderamente «le hierve la sangre».
El gallego y una tipografía celta para preservar el legado
Durante su fase de investigación en archivos de prensa y cartelería publicitaria antigua, Marta identificó una fuerte influencia celta en los ensayos gráficos de la región. Inspirada por estas referencias, decidió rediseñar los caracteres de la clásica fuente geométrica Futura, dotándola de curvas y gestos naturales que remiten directamente a la tradición gallega: “Alma de Vigo”. Además, la propuesta verbal otorgó un protagonismo central al idioma gallego mediante el uso de expresiones locales auténticas que resuenan con el público. «El idioma forma parte de la personalidad de la ciudad; integrar la lengua y su cultura aporta un valor añadido fundamental para preservar su legado», afirma.
Sostenibilidad como principio, no como excusa
El motivo principal por el que este TFM ha logrado cautivar al jurado del iF Design Award fue su profunda dimensión ecológica. Marta concibió el despliegue de la marca huyendo deliberadamente del merchandising tradicional e inocuo, como las camisetas genéricas o las típicas bolsas de tela estampadas. En su lugar, diseñó aplicaciones físicas singulares y cargadas de utilidad local.
Entre sus propuestas destaca el «kit redeiras», un producto de diseño sostenible que rinde homenaje y emancipa el histórico oficio artesanal de las mujeres que tejían las redes de pesca en el litoral gallego. Asimismo, desarrolló un cuidado sistema de packaging para conservas locales, promoviendo un modelo de turismo consciente a través de la gastronomía de proximidad o política de Kilómetro Cero. Esta conciencia ambiental se trasladó de igual manera al entorno urbano a través del branding space, un conjunto de mobiliario público y áreas de juego infantil proyectadas con plásticos reciclados y recuperados directamente del océano y de las playas de Vigo. La mancha de color rojo aplicada mediante estos materiales unifica la presencia de la marca en todo el entorno urbano de forma sostenible.
Los premios como motor creativo
Recibir la noticia del premio internacional fue una enorme y grata sorpresa para Marta, quien admite de forma sincera que no lo esperaba en absoluto. El reconocimiento ha supuesto un punto de inflexión muy reconfortante en su trayectoria, sirviendo como un bálsamo contra el «síndrome del impostor».
«Durante mucho tiempo estuve sin presentarme a concursos porque pensaba que solo servían para alimentar los egos», confiesa la diseñadora. Sin embargo, la gran acogida de su proyecto en certámenes de este calibre le ha hecho cambiar radicalmente de perspectiva. Ahora entiende los premios como una validación objetiva del proceso de trabajo y como un potente motor para ganar confianza profesional. Su éxito demuestra que, más allá de la pura estética visual, los jurados internacionales valoran la solidez de los conceptos, la investigación previa y el diseño consciente que aporta soluciones reales a las comunidades contemporáneas.
Nuevos horizontes del diseño auténtico
Marta recuerda con gran cariño su paso por el Máster en Diseño Gráfico, una experiencia que califica como fundamental para consolidar sus bases técnicas y éticas. En este camino, destaca el rol excepcional de su tutora, Roseta Mus, quien la convenció de mantener la simplicidad y solidez conceptual de su idea cuando ella dudaba de si debía buscar algo más complejo: «Roseta me ayudó a entender que las buenas marcas no tienen por qué ser complejas; tienen que tener sentido, fundamento y ser fáciles de percibir por todos».
Al mirar hacia el futuro en un ecosistema profesional marcado por la irrupción de la Inteligencia Artificial, Marta anima a las nuevas generaciones de estudiantes a no conformarse con soluciones superficiales u obvias. Su consejo es rotundo: hay que apasionarse por el proceso creativo, buscar perspectivas distintas y construir ideas dotadas de un trasfondo conceptual profundo, pues es ahí donde reside el verdadero valor del diseñador. Marta Grilo Viães resume la esencia de su galardonado proyecto con una frase que bien podría definir su propia filosofía profesional.
«Un branding que abraza y honra el pasado, pero es simultáneamente mutable y consciente para el futuro».