¿Por qué cuesta tanto pedir honorarios?

Ene 27, 2026 por Patricia von Arend

La complejidad invisible de nuestra profesión

Lo que voy a contar a continuación es mi experiencia de vida, la que estoy plasmando en un libro que quizá nunca vea la luz. Es, de algún modo, una primicia que deseo compartir con vosotros.

La profesión de diseñador de espacios es compleja. No basta con saber pensar, imaginar y dibujar; también es necesario dominar la gestión, la administración, la psicología y muchas otras disciplinas. Y, entre todas ellas, aprender a pedir honorarios: una tarea especialmente difícil, porque su peso nunca es el mismo para nosotros que para el cliente.

COzy Room

«¡Si esto lo sacas en un momento!»

¿Por qué nunca se han entendido? ¿Por qué los arquitectos, abogados o médicos cobran honorarios y nadie los cuestiona?

Recuerdo una anécdota con un cliente muy querido que solía decirnos:

«¡Venga, Patricia, si esto en un momento te sientas en la mesa y lo sacas!»

No. No es así. Todo requiere de su tiempo. Todo proyecto de diseño conlleva un proceso que requiere análisis, reflexión, razonamiento, pruebas y desarrollo. No es un acto puntual: el buen diseño rara vez es la primera idea que surge.

El error de calcular por metros cuadrados

Los honorarios han sido siempre el caballo de batalla con el que topábamos —y seguimos topando—. Existen múltiples maneras de calcularlos, y cada interiorista acaba desarrollando su propia metodología. En nuestro caso, pronto entendimos que no podían establecerse por metros cuadrados, ya que proyectos pequeños, como determinadas tiendas, podían requerir un tiempo igual o incluso superior al de proyectos de mayor escala, aunque con menor nivel de detalle.

Modern Hotel Lobby

Un sistema de control riguroso

Para cada encargo era imprescindible definir con claridad el tiempo necesario para su desarrollo. Para ello resultaba fundamental conocer cuánto se había invertido en proyectos anteriores de características similares. Nuestra organización se basó en un sistema de control riguroso: diariamente se registraban las horas dedicadas a cada proyecto y se especificaba la fase concreta del trabajo —propuesta, anteproyecto, proyecto u obra—, lo que nos permitía analizar con precisión en qué se empleaba el tiempo.

Cada proyecto tenía asignado un número de expediente en el que también figuraba el año. Estas pequeñas decisiones resultaron clave para nuestro funcionamiento y, a día de hoy, seguimos utilizando este mismo método.

De gasto a inversión

Aún hoy el cobro de honorarios continúa siendo complejo, pero progresivamente el cliente se va acostumbrando a entender que nuestro trabajo tiene un gran valor. Cuando el trabajo está bien ejecutado, acaba entendiéndose no como un gasto, sino como una inversión.

Actualmente, seguimos utilizando este método, aunque, tras muchos años de ejercicio profesional, la experiencia nos permite ajustar con mayor precisión la valoración de los honorarios. Existen tipologías de proyectos que se repiten y cuyo alcance es comparable, lo que facilita prever si los honorarios asignados cubrirán los costes reales del proyecto —tiempo invertido, recursos humanos y gastos asociados— o si, por el contrario, resultarán insuficientes.

Modern Living Room

Un oficio duro y exigente

Espero que mi experiencia de más de treinta años sirva, aunque sea mínimamente. Tengo muy claro que, además de hacer bien nuestro trabajo, debemos aprender a valorarlo. Porque lo que desde fuera parece solo “bonito y creativo” es, en realidad, un oficio duro, exigente y con una competencia cada vez más sólida y de alto nivel.

Patricia von Arend

Fundadora del estudio de interiorismo DENYS & VON AREND y docente del Máster en Diseño Hospitality de SHIFTA by Elisava.

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