La publicidad en modo «Jumanji»

Nov 04, 2025 por Mery Campón

Cuando un lanzamiento pasa a ser un juego para tu cliente

Hay una cosa que aprendí y se me quedó muy tatuado en el Máster en Creatividad Publicitaria y Branded Content: La importancia de que el contenido orgánico vaya más allá de una simple fotografía o un vídeo; generar conversación, hype, añadir detalles que pocos se darán cuenta. ¿Qué luz hay en la foto? ¿Por qué es de este color y no de otro? ¿Está todo claro o parece estarlo? Muchas veces los detalles que hay en una imagen, en un diseño, en el arte en general… no están porque sí. Y el otro día me topé con este reel que me dejó pensando (y que, además, aconsejo que sigas a esta cuenta). Una banda presentaba su nuevo álbum a través de una historia que parecía un juego de Clue: una mansión misteriosa, personajes sospechosos y una estética cuidada al milímetro. Más que una campaña de lanzamiento parecía una película. O mejor dicho, una performance.

Y pensé: esto ya se estaba haciendo antes de que estuviera de moda. Antes de que todos habláramos de “experiencias inmersivas”, ya había artistas — y marcas— que entendieron que no se trata solo de lanzar un producto, sino de construir un mundo, de hecho, esto es lo que procuro hacer con mis clientes, generar TODO un concepto tras una idea, por pequeña que sea. Hoy en día, todos sabemos que alguien tras la pantalla nos está intentando vender, así de claro; pero la verdadera magia ocurre cuando el público no sabe si está viendo un anuncio, una obra de arte o una historia en la que ha decidido quedarse un rato más.

Rosalia Corriendo

Aquí es cuando pasamos de los productos a los universos

Durante años, la publicidad se basó en una lógica simple: tienes algo que vender, lo comunicas, y esperas que la gente lo compre. Hoy, eso ya no basta. Vivimos saturados de estímulos, de copias que prometen lo mismo, de campañas que duran un scroll. Lo que sí nos atrapa es entrar en una narrativa: una atmósfera, un universo, una sensación que va más allá del mensaje comercial. Ya no vemos tantas películas, pero nos gusta sentirnos parte de ellas.

Ese reel no buscaba venderte el disco, sino hacerte sentir curiosidad. Te invitaba a jugar, a imaginar. Y esa emoción —el “quiero saber más”—, es justo lo que las marcas más potentes están empezando a entender.

Boards-of-Canada

Cuando la publicidad se vuelve performance

Jacquemus desfila sobre un lago. Balenciaga construye una pasarela dentro de una distopía. Heineken te hace entrar en un bar ficticio donde cada detalle parece diseñado por Wes Anderson.

Ya no hablamos de campañas, hablamos de actos performativos: piezas de comunicación que funcionan como experiencias culturales. En este nuevo contexto, la marca deja de ser emisora y se convierte en directora de escena.

Cada elemento cuenta: el ritmo, el diseño, la música, el silencio. Todo está pensado para que sientas algo antes de que entiendas el mensaje. Y aquí entra el Branded Content.

El Branded Content no busca interrumpir lo que te interesa: se convierte en eso que te interesa. Y cuando una marca entiende esto, deja de lanzar mensajes y empieza a construir significado. El caso del reel es un ejemplo perfecto de esta transición: no hay un logo en primer plano, ni una voz en off gritando “nuevo álbum disponible ya”. Lo que hay es una historia bien contada que te deja una sensación. Y eso, en comunicación, vale más que cualquier CTA.

El Branded Content es el heredero natural de esta publicidad performativa. Ambas disciplinas comparten la misma premisa: si quieres que la gente te escuche, primero tienes que darle algo que quiera vivir.

Jacquemus desfile

La nueva publicidad se siente, no se explica

El futuro de la publicidad no está en los formatos, sino en las emociones que activa. Recuerda que, hoy en día, la IA te puede hacer un guion completo de una película y si lo haces bien, de una ganadora a un Óscar, lo que (de momento) no puede hacer, es generar emociones, actuar, llorar… todo eso lo tenemos los seres humanos; y parece que en un mundo donde domina la tecnología, las emociones vuelven a cobrar vida, pero tenemos que aprender a cómo darles ese tacto que hemos perdido por las pantallas. El público ya no busca que le hablen: quiere participar, descubrir, formar parte (algo que la pantalla en sí no puede hacer).

Por eso, cada vez más, la frontera entre arte, entretenimiento y comunicación se difumina. Y ahí es donde nacen las campañas que realmente dejan huella: las que no solo se ven, sino que se viven.

Mery Campón

Social Media Manager, creadora de contenido y exalumna del Máster en Creatividad Publicitaria y Branded Content de SHIFTA.

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