El problema —o el punto de inflexión— llega cuando eso que hacías por gusto, empieza a pagar cosas reales
Primero es una colaboración. Luego un cliente. Después varios. Y, sin darte cuenta, tu creatividad ya no es solo una forma de expresión: es una fuente de ingresos. El día que tu talento empieza a pagar tu alquiler, deja de ser solo pasión; se convierte también en responsabilidad.
Ahí es donde entra la adultez, y si además eres autónomo, la experiencia se multiplica. Ser tu propio jefe suena a libertad absoluta hasta que entiendes que también eres tu propio departamento de finanzas (bueno admito que en mi caso tengo la suerte de tener a mis padres que son asesores), marketing, ventas, atención al cliente y gestión emocional (aquí también tengo algo a mi favor, voy a terapia con una psicóloga que se ha convertido en mi amiga). No hay horarios fijos, pero tampoco desconexión real. Si no trabajas, no cobras. Si no produces, no avanzas. Y, de repente, descansar puede venir acompañado de una pequeña que antes no existía.
Crear deja de depender únicamente de las ganas. Hay días en los que no estás inspirado, pero hay entregas.
Días en los que dudas de tu talento, pero hay facturas que pagar
Días en los que te comparas con todo el mundo, pero aun así tienes que publicar, proponer ideas, mantener una presencia. La creatividad, que antes era un impulso, se convierte también en una disciplina y admito que ahora estoy buscando la disciplina perfecta y la constancia que no parezca una obsesión.
Además, cuando tu trabajo está ligado a tu imagen o a tu vida, la frontera entre lo personal y lo profesional se vuelve difusa. Y eso agota de una forma distinta. No es cansancio físico, es cansancio mental: el de tener que ser creativo incluso cuando solo quieres disfrutar.
Pero en medio de todo eso también pasa algo importante: creces. Aprendes a poner precio a tu talento, a organizar tu tiempo (esto es muuuuy importante; de hecho, tengo un pequeño planner de Putos Modernos que me recuerda todos los días lo siguiente con la frase de la portada: “No te organizas porque no tienes tiempo. No tienes tiempo por que no te organizas”, y de hecho estoy muy de acuerdo, tanto que a veces me molesta leerlo que efectivamente no me he rendido por no haberme organizado… pero anyways!) Es que aprendes a trabajar aunque la motivación no esté en su punto más alto, y crear un vídeo bonito (si eres creativo) realmente es muy fácil lo tenemos en la sangre, pero también descubres que la inspiración está bien, pero la constancia construye carreras.
Quizá hacerse mayor no significa dejar de hacer lo que te gusta
Pero si significa poder seguir creando pero como fuente de ingreso, ahora, lo que creo realmente importante es que no puedes dejar que tu pasión te queme o te mate.
Así que te invito a disfrutar de tu trabajo pero siendo realista con lo que implica la vida adulta y dedicarte a lo que amas.