Ilustración como profesión
Pero para quienes hemos decidido tomar el camino de la profesionalización, la respuesta es mucho más compleja. Para ganarnos la vida con la ilustración, sabemos que, en mayor o menor medida, debemos adaptarnos al mercado y atraer a los clientes con nuestro arte.
Algunos optan por inspirarse en el estilo de moda, y eso puede funcionar al principio; pero en una época en la que las herramientas digitales, junto con las redes sociales, fomentan la repetición y la imitación, es difícil que esta estrategia siga dando frutos a medio o largo plazo. Se trata, entonces, de trabajar en nuestra propia subjetividad y en nuestro lenguaje gráfico, precisamente para destacar en medio de tanta homogeneidad.
Seguramente no hay mejor promoción que ser reconocidos (en el sentido de identificados) por el cliente simplemente al ver una de nuestras ilustraciones. Si le gusta nuestro estilo y encajamos con lo que está buscando, tenemos bastantes posibilidades de que el proyecto sea nuestro.
¿Cómo forjar (o alimentar) el estilo?
No es una pregunta fácil de responder. Algunas personas parecen haber nacido con él; en cambio, a otras les cuesta mucho más encontrarlo. Parecería como si cada día “reiniciaran” su creatividad. Sospecho que estas maneras tan distintas de crear están íntimamente ligadas con la personalidad de cada uno de nosotros. Aun así, quizá las siguientes ideas o reflexiones que he ido aplicando en mi día a día puedan ayudarte:
Es muy importante sentirse cómodo con el propio estilo de ilustración. Por lo tanto, no debería costarnos demasiado reproducirlo. Tiene que ser una manera de dibujar que sintamos natural; debemos encontrar el equilibrio y sacar lo mejor de nuestras aptitudes sin forzarnos en exceso ni exigirnos demasiado. No todo se basa en la técnica: ayudémonos también de la expresividad, la comunicación, el sentido del humor o la potencia gráfica.
Cuando hagas una ilustración que te guste mucho, analízala y aísla los elementos que te parezcan más interesantes. Por ejemplo: el tipo de trazo, las formas básicas que has utilizado, los colores… Y tenlos en cuenta para el siguiente dibujo.
Un ejercicio interesante, y que siempre recomiendo a mis alumnos, es aplicar una de sus ilustraciones en diversos tamaños y soportes. ¿Funciona siempre bien? ¿Se ve mejor en grande o en pequeño, en pantalla o impresa? ¿Qué partes del dibujo soportan perfectamente los cambios y cuáles fallan? Hay que intentar pulir los elementos de la ilustración que no toleren bien estas variaciones y volver a testearla. Es muy importante construir un estilo que pueda soportar todos los vaivenes de los distintos encargos que puedas tener como profesional.
Si dibujas un objeto, animal o persona que puedas utilizar habitualmente en tus ilustraciones y te gusta cómo te ha quedado (por ejemplo, un gato), intenta interiorizarlo para que forme parte de tu diccionario visual personal. Prueba a hacer versiones del mismo con distintas variaciones (más peludo, más gordo, más flaco…) e intenta instaurar esa forma como tu manera habitual de representar ese animal. Como profesionales, no siempre podemos permitirnos “reinventar” la manera de dibujar algo cada vez que nos ponemos a trabajar. Establecer estos parámetros nos ayudará a apuntalar nuestro estilo de ilustración y a resolver los encargos con mayor brevedad y fluidez.
Un último ejercicio que propongo es redibujar una ilustración propia que no nos acabe de convencer, copiando el estilo de otra ilustración —también nuestra— que nos guste mucho. De nuevo, hemos de acudir al análisis para aplicar en esta nueva versión todas las cualidades que encontramos en la preferida (los personajes tienen menos detalle, hay más movimiento, la perspectiva es más interesante, etc.). Esto es algo que sigo haciendo de vez en cuando, y los resultados siempre me sorprenden muy positivamente.
La importancia de contar con un estilo de ilustración propio
A veces, el mercado profesional intenta modelarnos a su gusto. Determinados clientes nos piden variaciones importantes en nuestro estilo de ilustración para “encajar” mejor con la idea estética que tienen preconcebida. Debemos ir con cuidado, porque si aceptamos demasiadas variaciones de manera habitual, corremos el riesgo de perder el hilo de nuestro estilo y no saber por dónde queremos continuar. Trabajar siempre en proyectos personales es la mejor garantía de no extraviar nuestro norte creativo y de seguir alimentando nuestro lenguaje gráfico.