¿Qué es el refill y de dónde viene?
El sistema refill no es una idea innovadora desarrollada en pleno siglo XXI por las mentes más brillantes del planeta: es una práctica que lleva haciéndose desde hace muchos años. Quizá recuerdes los sacos a granel de legumbres de las tiendas de ultramarinos, o la típica escena de una película americana donde dejan frascos de leche fresca en la puerta de casa y el repartidor se lleva los vacíos. El refill es una práctica que llevamos haciendo durante mucho tiempo ; sin embargo, con el auge de la cultura del consumo, la facilidad del “usar y tirar” ha hecho que pueda resultar una práctica incómoda en la actualidad ; pero, si queremos un futuro más sostenible y con menos residuos, vamos a tener que reincorporarla a nuestro día a día.
Actualmente hay muchos aspectos que han hecho reactivar este sistema en la actualidad: la huella de carbono en los envases, la cantidad de residuos no reciclables y una mayor concienciación por parte del consumidor por la sostenibilidad y la preservación de nuestro planeta. Un aspecto determinante, sobre todo en Europa, es la regulación, destacando la directiva europea PPWR (Packaging and Packaging Waste Regulation) que establece que todos los envases en 2030 sean reciclables, reutilizables o compostables, estableciendo objetivos cada vez más ambiciosos para las empresas. En el caso de España, destaca la Ley 07/2022 de Residuos y Suelos Contaminados para una Economía Circular en la que aparece la política ambiental de Responsabilidad ampliada del productor (RAP) que obliga a fabricantes e importadores a responsabilizarse tanto física como económicamente de sus envases al final de su vida útil con la finalidad de fomentar la reutilización y la reducción de residuos.
Estas regulaciones obligan a las empresas a analizar el ciclo de vida de sus envases y a rediseñar sus productos y procesos para adaptarse a ellas. Aunque el reciclaje está mucho más extendido, la reutilización debería precederlo: alarga la vida útil de los envases, reduce residuos y evita el coste energético de transformar el material. Y todo empieza en el diseño. Si nos centramos en cosmética, encontramos diferentes tipos de soluciones que se emplean en la actualidad.
Los tipos de sistemas refill: cómo se materializa en el packaging
Envases rellenables
El consumidor compra una vez el envase (normalmente diseñado para una durabilidad mayor y con materiales más resistentes) y después sólo adquiere recargas que suelen presentarse en doypacks. Normalmente los envases suelen ser de aluminio o vidrio para mejorar su durabilidad e higiene, mientras que las recargas podemos encontrar de PET, PP, también con fibra vegetal como en el caso de Freshly, que contiene un +75 de fibra vegetal y sin aluminio (que normalmente se emplea para mejorar el aislamiento). Actualmente están surgiendo innovaciones en los doypacks para reducir el uso del plástico y también las multicapas.
Este sistema lo emplean muchas marcas de cosmética, sobre todo cuando son champús o líquidos aromatizantes como en el caso de Rituals, Yepoda o L’Oréal. Algunas iniciativas como la marca Mircea van un paso hacia adelante: el jabón se vende sólo en polvo para que el consumidor lo mezcle con agua. Esto reduce considerablemente el material para los envases de refill, el espacio en logística y los costes generando un beneficio claro tanto para la marca como para el consumidor consciente, ya que normalmente el precio de la recarga es menor o lleva una cantidad mayor de producto.
A la hora de escoger el material idóneo para el envase permanente, el aluminio suele estar infravalorado en la cosmética premium, donde suele preferirse el vidrio. Sin embargo, el aluminio puede resultar ser mucho más sostenible, ya que necesita menos energía para producirse y es más ligero y duradero.
El hándicap de este sistema se encuentra en la experiencia del consumidor: puede ser incómodo, no entender bien cómo rellenar el frasco o que se le derrame. Esto puede hacer disminuir la percepción de valor de los productos y hacer que el refill resulte incómodo.
Cápsulas o módulos intercambiables
Es similar al sistema anterior pero en este caso el consumidor sólo compra una parte del envase, generalmente una cápsula o un módulo intercambiable del envase principal. El usuario sólo tiene que sustituir el vacío por el lleno, sin tener que rellenar manualmente el producto. Esto da una mayor sensación de higiene, valor y comodidad. Suele emplearse para cremas hidratantes y serums, entre otros. Marcas como Rituals, L’Occitane en Provence, L’Oréal, entre muchas otras, apuestan por este método.
Envases retornables
La marca diseña el envase para recuperarlo, limpiarlo y reintroducirlo en el ciclo. El caso de Lush con sus botes de plástico negro (difíciles de reciclar convencionalmente, así que lo gestionan ellos mismos) es de los más destacados. Aunque no reutilicen directamente el envase, sino que reciclan todo el plástico para crear nuevos envases, es un sistema interesante para controlar los residuos y reducir el uso de plástico virgen.
“Al final, nos hemos dado cuenta de que lo más responsable que podemos hacer es incorporar la mayor cantidad posible de nuestros envases de plástico en un circuito que podamos controlar.” — Lush
El caso más ambicioso a escala global es Loop/Terracycle, que trabaja con grandes marcas como Carrefour para sustituir el envase de un solo uso por uno retornable con recogida incluida. El modelo ha alcanzado la rentabilidad en Francia, pero fracasó al intentar replicarse en Reino Unido, Estados Unidos o Canadá. La diferencia fue regulatoria: la Ley Antidesperdicio para una Economía Circular francesa obliga a que el 10% del lineal de los supermercados esté dedicado a packaging reutilizable en 2027 y establece ecotasas que abaratan el envase reutilizable frente al de un solo uso. Este modelo puede ser considerado el más sostenible, sin embargo, además del tema de la regularización, presenta muchos retos: como el diseño de una logística inversa y crear una infraestructura con puntos de venta y recogida cómodos para el consumidor.
Recarga en tienda
Dispensadores en punto de venta donde el consumidor rellena su envase. Crea experiencia de marca, reduce el packaging al máximo, pero requiere que el consumidor se desplace y confíe en el sistema. La percepción de «producto a granel = menor calidad» sigue siendo un obstáculo real. Encontramos ejemplos en marcas como L’Occitane en Provence.
Los modelos de negocio: quién lo hace y cómo lo plantea
- Marcas masivas consolidadas: Marcas ya consolidadas llegan al refill desde una posición de liderazgo de mercado: ya tienen la fidelidad del consumidor, las tiendas propias y la escala para experimentar. Para ellas el refill es tanto una herramienta de sostenibilidad como de retención y tráfico a tienda, además de aportar un valor añadido a la marca. Suelen combinar diferentes sistemas, sobre todo el de venta de recargas en bolsas o doypacks y en cápsulas o moldes intercambiables. Algunas, incluso, se aventuran con la recarga en tienda.
- Marcas nativas refill: Hay marcas que no han tenido que reconvertirse hacia el refill porque lo llevan en el ADN desde su origen. Seed Phytonutrients, por ejemplo, nació con bolsas de papel compostable como formato de recarga para sus champús y productos corporales, integrando la sostenibilidad desde el diseño del primer envase.
- Las que apuestan por formatos concentrados o sólidos: Proponen la versión más radical: eliminar el envase primario casi por completo. Sin agua, sin plástico de un solo uso, sin logística de recogida. Algunos ejemplos los encontramos en Lamazuna y Lush. El reto es el hábito del consumidor, que todavía percibe la espuma o el gel líquido como sinónimo de limpieza.
- Las marcas de suscripción con personalización: Prose. Una idea innovadora e interesante de combinar la máxima personalización en cosmética y la reducción de huella de carbono. En Prose generan sus productos por demanda, lo que les hace reducir el impacto ambiental en la producción, además de ofrecer sistemas de suscripción de recarga.
- Modelo granel: En el extremo opuesto al lujo, el modelo a granel prescinde completamente de la marca como intermediario y pone el producto en manos del consumidor en su forma más básica. Iniciativas como Aroma-Zone, permite al consumidor comprar ingredientes cosméticos a granel para elaborar sus propias fórmulas, son ejemplos de que este modelo tiene mercado real.
Los retos
Brecha entre intención y comportamiento
Uno de los retos más reveladores es la diferencia entre la intención (lo que dice el consumidor que haría) y lo que realmente hace o estaría dispuesto a hacer en distintos sectores. En cosmética y cuidado personal, las hipótesis que se plantean los investigadores apuntan a dos frentes principales: el miedo a la contaminación e higiene del producto y la incomodidad de desplazarse y usar una estación de recarga. Según un artículo de Packaging Digest, esta brecha es sistemática en las 22 categorías de productos estudiadas: la disposición declarada siempre supera al uso real, y en cosmética la distancia es especialmente grande.
Cuando un sistema “más sostenible” resulta más contaminante
El caso de las estaciones de refill de L’Occitane en China (su mayor mercado) es un ejemplo significativo. Según su Responsable de ESG para Asia-Pacífico Venisa Chu, este sistema resultaba menos sostenible, ya que el producto no llegaba a consumirse a tiempo y se deterioraba. Esto muestra una paradoja que muchas empresas suelen caer al no realizar un análisis de ciclo de vida de su producto: el refill puede desplazar el impacto en vez de reducirlo.
El problema de la inversión
El refill compite en desventaja frente al reciclaje. Entre 2018 y 2023, el 82% de la inversión en economía circular fue al reciclaje. Solo el 4% fue a reutilización. El debate recogido por Eco-Business lo plantea así: hay quien argumenta que la reutilización no necesita capital porque es esencialmente un cambio de comportamiento, sin embargo, otros replican que al no haber una infraestructura(logística inversa, maquinaria, diseño de sistemas) ese comportamiento no puede ocurrir a escala.
Higiene, regularización cosmética y viabilidad técnica
En cosmética, la normativa europea impone requisitos estrictos sobre la integridad del producto. Productos con ingredientes restringidos, certificaciones orgánicas o alta sensibilidad a la exposición al aire representan un reto técnico real que no se resuelve solo con buena voluntad. Aquí, el diseño del envase y la elección de materiales son determinantes: la reducción de plástico obliga a encontrar alternativas que garanticen la misma hermeticidad y seguridad.
Escalabilidad: El refill avanza en los extremos, se atasca en medio
El refill está más presente y desarrollado en las dos puntas del mercado: en marcas muy premium con tiendas propias y clientela fiel, y en modelos tipo granel de bajo coste. El segmento medio (como las marcas de gran consumo en distribución multimarca) es donde más dificultades encuentra porque depende de que el retailer también invierta en infraestructura.
El miedo a ser rellenado por la competencia
Uno de los obstáculos de las grandes empresas es el miedo a que un envase recargable de una marca pueda ser rellenado por un producto de la competencia. Si el consumidor puede rellenar un frasco con cualquier otro líquido, la empresa pierde el control sobre la experiencia de producto y su posicionamiento. Este temor ha impulsado el interés por diseñar sistemas refill propios: mecanismos de cierre o cápsulas diseñadas para que solo el producto original pueda introducirse en el envase.
Un caso que ilustra bien esta apuesta por los sistemas propietarios es el de L’Oréal Groupe. El grupo lleva años desarrollando soluciones de recarga específicas para sus marcas con envases diseñados para funcionar exclusivamente con sus propias recargas. En junio de 2025, con motivo del Día Mundial del Refill, el grupo lanzó su primera campaña global multimarca bajo el hashtag #JoinTheRefillMovement, reuniendo a marcas como Lancôme, Armani Beauty, Mugler, L’Oréal Paris o La Roche-Posay para visibilizar las opciones recargables disponibles en su portfolio.
El Grupo ha adaptado sus centros de fabricación para permitir un aumento de 17 veces en el número de opciones recargables disponibles en los últimos cinco años. Es, sin duda, uno de los movimientos más ambiciosos de la industria en esta dirección y también uno de los más reveladores del modelo que las grandes compañías están eligiendo: el refill como ecosistema propio.
Conclusiones: Condiciones para despegar el refill
Una vez analizados los sistemas de refill actuales y sus retos, conviene tener en cuenta algunas condiciones que podrían impulsar su desarrollo y facilitar la transición de una economía lineal a una circular.
- Regularización: La regularización es determinante para promover el desarrollo e innovación en empresas hacia una economía circular. Como hemos visto antes, en Europa existe ya una agenda de regularizaciones y leyes dirigen a las marcas hacia un cambio de modelo más sostenible. Como defendió Llorenç Milà en el evento Sea of Solutions en 2024, la Responsabilidad Ampliada del Productor puede ser una de las palancas: encarecer los envases difíciles de reciclar y abaratar los reutilizables cambia el cálculo de cualquier empresa. Sin ese incentivo, el refill sigue siendo una opción voluntaria que las marcas adoptan de forma parcial.
- Infraestructura que elimine la fricción del consumidor: El sistema refill más sostenible sobre el papel puede fracasar si el consumidor no lo usa. Hacer que recargar sea tan simple, fluido y práctico como comprar un producto nuevo es un problema de diseño de sistema, logística y accesibilidad.
- Diseño que garantice higiene y experiencia sin comprometer la sostenibilidad: El packaging tiene un papel central que va más allá de la estética: la elección de materiales, la estructura del envase y la integración con el sistema logístico determinan si el refill reduce la huella de verdad o la desplaza. El análisis de ciclo de vida no es opcional; es el único criterio que permite saber si estamos avanzando.
Como diseñadores y creativos, conocer todo lo que implica el ciclo de vida de un envase es la base para poder innovar con criterio y desarrollar propuestas que sean conscientes con el entorno y con las personas. Desde nuestra posición como diseñadores, tenemos más influencia de la que a veces creemos: cada decisión de material, de estructura, de sistema de recarga es también una decisión ambiental. No se trata de resolver solos un problema que es colectivo, sino de aportar, desde nuestros conocimientos y herramientas, a un cambio que todavía tiene mucho camino por recorrer.